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CUANDO NO USAR QUINOLONAS EN ATENCIÓN PRIMARIA

Incluida en Marzo de 2017

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Las quinolonas son de los antibióticos más prescritos en Atención Primaria, la segunda después de las penicilinas, y se utilizan unas tres veces mayor que, por ejemplo, en los Países Bajos. Este uso excesivo se traduce en un aumento de resistencias.

Hay dos grandes grupos de quinolonas: las viejas quinolonas, representadas por el ácido nalidíxico y ácido pipemídico, y las nuevas quinolonas o fluorquinolonas, como la norfloxacino, la ciprofloxacino, la levofloxacino y la moxifloxacino, entre otras. La diferencia más sustancial entre estos dos grupos es el espectro donde las últimas actúan sobre Gram positivas y Gram negativas (Pseudomonas incluida) y las primeras exclusivamente sobre Gram negativas.

Una clasificación más reciente divide a las quinolonas en cuatro generaciones:

Primera generación: ácido nalidíxico y ácido pipemídico

Segunda generación: Norfloxacino, Ciprofloxacino, Ofloxacino, Pefloxacino.

Tercera generación: Lomefloxacino y Levofloxacino

Cuarta generación: Gatifloxacino y Moxifloxacino

En principio, las quinolonas de amplio espectro permite su uso en las infecciones más frecuentes en atención primaria: infecciones respiratorias e infecciones urinarias. Pero, las quinolonas no son, en general, un tratamiento de primera línea para todas estas patologías.

Este uso excesivo de antibióticos es una de las razones por las que el Plan Español para el Control de la resistencia Antimicrobiano (PRAM), recomienda que en la atención primaria no se prescriban quinolonas ni ningún otro antibióticos en los adultos:

[1] En las infecciones del tracto respiratorio inferior en pacientes inmunocompetentes y sin comorbilidades en las que no se sospeche neumonía.

[2] En las bacteriurias asintomáticas en los siguientes grupos de población: las mujeres premenopáusicas no embarazadas, diabéticos, personas mayores y los ancianos institucionalizados, lesión de la médula espinal y pacientes con catéteres urinarios.

[3] no realizar la profilaxis de rutina en pacientes con sonda vesical crónica o al cambiar la sonda; tener en cuenta en pacientes con antecedentes de traumatismos durante el procedimiento o infección sintomática tras el cambio, y en pacientes de riesgo como inmunodeprimidos o que tienen enfermedades graves de base.

Por otra parte, las quinolonas no deben ser la primera línea de tratamiento en las infecciones del tracto urinario no complicadas, ya que en su mayoría se originan a partir de E. coli, que es un germen que tiene, en Galicia, una tasa del 33% una resistencia. Para estas patologías se debe de utilizar fosfomicina o nitrofurantoína (teniendo en cuenta sus limitaciones), ya que estos antibióticos tienen una tasa menor resistencia inferior al 4%.

 

Adaptado de Vernes epidemiolóxico. Folla quincenal de información epidemiolóxica de Galicia. Volume 6 número 6 24 marzo 2017

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